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Maranchón ya existía en tiempos de la reconquista. En el siglo XV estuvo bajo el señorío de los La Cerda, grandes duques de Medinaceli. Durante el siglo XVIII este pequeño lugar fue tomando incremento en su actividad comercial y aumentando
progresivamente su número de habitantes. Solicitó ser eximida de la jurisdicción de la villa Soriana, consiguiéndolo en 1769, mediante cédula de Carlos III que le concedía el título de villa por sí, pudiendo ostentar justicia propia y colocando de inmediato una horca en el cerro del Llano y una picota con una cruz de hierro y cuatro
escarpias, en el lugar denominado Las Heras. En general la población comenzó a dedicarse por entonces a la trata del ganado, muy especialmente al mular, recorriendo los lugares más diversos de España, con sus mercaderías y reuniendo grandes cantidades de dinero, que muchos aplicaron
en construir grandes casonas en su pueblo. En su término nace el río Tajuña, que se va rehundiendo en un vallejo al sur del pueblo.
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